Acerca de la novela

Pocas veces ha sido más oportuna una novela como Los infelices de Fesal Chain. Hiede ahí esa dictadura que se resiste a desaparecer de nuestro imaginario y de nuestras vidas, porfiada y oprobiosa como esos malos sueños que nos amargan, como esas resacas endemoniadas que nos dejan los tiempos malignos. 

Obra que conjura esa peste que se prolonga en el alma de los protagonistas, como ocurre en las nuestras, y ventila la casa de olores nauseabundos. El autor escribe nuestras miserias íntimas, nuestras pequeñeces, con pluma vigorosa y segura, cosa poco frecuente en la nueva narrativa. Describe y señala nuestras ineludibles miserias y acomodos, en lo que viene siendo la primera novela chilena sobre nuestras vergüenzas. 

Importante libro, duro y amargo también, con ese amargor tan chileno: natre, palqui, vesícula biliar atragantada de miedo. Una novela grande, que la coyuntura política y social que la enmarca, la ha venido a convertir en una gran novela. 

En resumen, una escritura fuerte pero delicada, sobre seres de mirada escurridiza, genuflexos y en extremo humanos, demasiado humanos, débilmente hombres, en un mundo deshumanizado y brutal que no deja salidas, en una sociedad plagada de trampas y emboscadas donde nadie tiene asegurado su lugar y lo único cierto siempre es la derrota. La caída. La desgracia.

Antonio Gil Íñiguez, escritor chileno. Premio Editorial Los Andes por Hijo de mí.  Premio Altazor por Retrato del diablo